Si bien es cierto que la eliminación copera ante el Alcorcón dejó una atmósfera de tensión sobrecargada de dominante radioactividad, no lo es menos que antes de consumarse aquélla algunos resultados (Getafe, Milan, en San Siro, y Atlético de Madrid) obraron un cierto reajuste de roles y limaron parte de las hostiles asperezas que inflamaban los ánimos. Embates de 60, 45 ó 75 minutos de gran continuidad y fluidez dieron pábulo a un moderado optimismo. Ante el Racing de Portugal fueron 22, hasta el gol de Higuaín. Hasta ese minuto, el soliloquio de los de Pellegrini acorraló a unos santanderinos atribulados que parecía que se llevarían a Cantabria un electrónico más sobrecogedor. En este tramo de especial interés, si bien todo el equipo escenificaba un tono solvente, Xabi Alonso y Granero pusieron en escena sus mejores oficios. Incluso Drenthe no era un jugador paródico. Sin embargo, durante una ingente cantidad de minutos el marcador estuvo bailando un agobiante rigodón con la incertidumbre. El 1-0 ya no se movería. Incluso un gol injustamente anulado a Canales pudo volver a transformar el ambiente en radioactivo. Este Madrid sigue careciendo de continuidad en su juego y la pegada, CR9, sigue aprisionada en una urna de cristal.
PD: Mucho se ha hablado estos días de la mano de Tití Henry ante Irlanda. Huelga decir que este tipo de acciones, a menos que seas un personaje ungido y canonizado, son complicadas de acomodar en una biografía convenientemente. Es lógico que el mundo irlandés ande desgarrado, pero es ilógico asegurar la existencia solapada de un acuerdo tácito para clasificar a los 'blues' para el Mundial. Y, en realidad, no hay un sólo dato que se decante por la repetición de un partido que se haya decidido por una pillería. Sencillamente, porque la mano de Henry no es más abyecta que el piscinazo en el área de cualquier fulano.






