sábado 21 de noviembre de 2009

Veintidós minutos de continuidad

Si bien es cierto que la eliminación copera ante el Alcorcón dejó una atmósfera de tensión sobrecargada de dominante radioactividad, no lo es menos que antes de consumarse aquélla algunos resultados (Getafe, Milan, en San Siro, y Atlético de Madrid) obraron un cierto reajuste de roles y limaron parte de las hostiles asperezas que inflamaban los ánimos. Embates de 60, 45 ó 75 minutos de gran continuidad y fluidez dieron pábulo a un moderado optimismo.

Ante el Racing de Portugal fueron 22, hasta el gol de Higuaín. Hasta ese minuto, el soliloquio de los de Pellegrini acorraló a unos santanderinos atribulados que parecía que se llevarían a Cantabria un electrónico más sobrecogedor. En este tramo de especial interés, si bien todo el equipo escenificaba un tono solvente, Xabi Alonso y Granero pusieron en escena sus mejores oficios. Incluso Drenthe no era un jugador paródico. Sin embargo, durante una ingente cantidad de minutos el marcador estuvo bailando un agobiante rigodón con la incertidumbre. El 1-0 ya no se movería. Incluso un gol injustamente anulado a Canales pudo volver a transformar el ambiente en radioactivo. Este Madrid sigue careciendo de continuidad en su juego y la pegada, CR9, sigue aprisionada en una urna de cristal.

PD: Mucho se ha hablado estos días de la mano de Tití Henry ante Irlanda. Huelga decir que este tipo de acciones, a menos que seas un personaje ungido y canonizado, son complicadas de acomodar en una biografía convenientemente. Es lógico que el mundo irlandés ande desgarrado, pero es ilógico asegurar la existencia solapada de un acuerdo tácito para clasificar a los 'blues' para el Mundial. Y, en realidad, no hay un sólo dato que se decante por la repetición de un partido que se haya decidido por una pillería. Sencillamente, porque la mano de Henry no es más abyecta que el piscinazo en el área de cualquier fulano.

domingo 15 de noviembre de 2009

España, la España de todos

El fútbol de la Selección española es una demostración incontestable en términos futbolísticos y apabullante en términos estadísticos. Un equipo tan firmemente decidido a sobajear la gloria como la pelota. El fructuoso desempeño de este plantel lleva anticuerpos innatos que sojuzgan las maldiciones que se presentaban y que frenaban el intento de desmentir cualquier fatal desenlace. En este sentido, la tanda de penales ante Italia atinente a la Euro de 2008 fue la que terminó con aquella teoría popularizada hasta límites de culebrón, la de la maldición de los cuartos. Partidos tan trabados y belicosos como el que propuso la Argentina de Maradona en el Vicente Calderón han dejado de ser un problema; se ha perdido el pavor al 'otro fútbol'.

El cantaor Potito (éste sí que es un galáctico), que el otro día nos visitó en el periódico, nos decía con todo el acierto del mundo que un país como el nuestro no podía permitirse ver al equipo de todos como el coñazo que nos interrumpe la Liga y nos joroba el fin de semana. Que tal cosa ya no suceda se debe en gran parte a que el juego de la Roja es inmanente a la más emotiva plausibidad. También el haber visto desfilar derrotadas a Italia, Alemania, Francia, Inglaterra o Argentina ha sido algo que ha influido sobremanera. Pero sobre todo, ver a una Selección que es un equipo, en donde los nuevos se suman al engranaje sin traumas y en donde todos los elementos dan lo mejor de sí (Xabi Alonso y Sergio Ramos son claros paradigmas).

Esta España es la España de todos; nuestra Selección. Eso sí: en su mochila hacia Sudáfrica no debería tener cabida la autocomplacencia y sí uno de los más célebres aforismos del repertorio Trapattoni: "No digas gato mientras no lo tengas en el saco"...

viernes 13 de noviembre de 2009

¿Existiría el Barça sin cazurros?

Xavier Sala i Martín es un gurú de las finanzas; un chamán de los números, una eminencia de los dígitos. Sus chaquetas harían las delicias de los caricaturistas locuaces y zafios y le convertirían en blanco de los más sugerentes sarcasmos; se trata de alguien extraño, chocante. Capaz, según contaron a quien esto escribe, de llamar su hija XVII, así, en números romanos.

Este personaje más rarísimo que un trébol de cuatro hojas se ha convertido en nuevo tesorero del Barça, amén de ser un delfín cromático con el que Laporta intenta instaurar el continuismo nihil obstat. Su nombre está gastando litros y litros de tinta por haber llamado cazurros a los españoles. Él, conste, hace tiempo que se curó en salud: renunció a la nacionalidad española para adquirir la norteamericana.

Este Barça actual no ha parado de herir la sensibilidad de sus aficionados españoles no catalanes; Laporta parece que aterrizó, entre otras cosas, ad hoc. Y servidor se pregunta: ¿cuál debe ser la reacción del culé de Córdoba, Alicante, Huesca, Málaga o San Sebastián ante palabras como las de Sala i Martín? ¿Deben caer en el limbo de la impunidad? Y lo más importante: ¿existiría el Barça sin cazurros?

miércoles 11 de noviembre de 2009

Bahía Cochinos

Qué tiempos aquellos en los que el visitante del Bernabéu, en aquellas históricas eliminatorias de dramaturgia, era incapaz de dominar sus esfínteres. La placidez con la que un 2ªB como el Alcorcón conservó su 4-0 de la ida indica, efectivamente, que ya no somos lo que fuimos. Los minutos fueron transcurriendo sin que a la heroica pudiéramos ponerle cara y ojos; se pretendía una actuación que permaneciera en una sugestiva posteridad y, en un ambiente que se tornó disneico, se pudo ver cuán equivocadas eran las grandilocuentes estimaciones del proemio (tripletes, tréboles...).

Varios fueron los errores de Pellegrini, sobre todo, abovedar con un doble pivote destructor y un lateral defensivo como Arbeloa la meta de Dudek, cuando lo que había que hacer era tener el balón y a dos laterales que supieran desenvolverse en el campo rival. Gago y Mahamadou Diarra son un binomio con una nula capacidad para organizar el juego, y el Alcorcón sólo tuvo que atrincherarse ante la escasa certidumbre de los balones que recibían los delanteros blancos. Hubiese venido bien la pausa de Xabi Alonso a un equipo que se mostró impreciso y acelerado, que sólo en los primeros compases de cada tiempo dio la sensación de poder. Tampoco lo de insistir con Raúl parece tener sentido de ningún tipo. Tan sólo un Pepe imperial y un Van der Vaart incisivo se salvaron, en parte, del ludibrio.

Con el desastre del Alcorcón se hace visible el desgaste de la decepción ante unas expectativas sobredimensionadas, que estaban por encima de toda objetividad y que envolvieron el liderazgo del nuevo Presidente en una burbuja cuasi mística. No existe pleonasmo 'valdaniano' que libre a Florentino de este rotundo fracaso. No puede plantearse como excusa que la Copa sea bête noire recurrente, menos aún cuando se pretendía en lograr en un año lo de tres. Acotar los tiempos de esa forma no es precisamente marcar los tempos de unas urgencias que llevan varias fechas tomando medidas al cuello de Pellegrini. Ya tiene Florentino con este descalabro de su superproducción motivos para torcer el gesto. A otros ínclitos Presidentes les sucedió. Kennedy lo torcía cuando le mentaban Bahía Cochinos.

sábado 7 de noviembre de 2009

Reajustes tácticos

Si en cualquier cenáculo salta a escena el nombre del Atlético de Madrid, en la garla se desata una disputa de tintes proféticos: cuánto tardará en hartarse el Kun; cuánto tardará el fulano que se aposenta en su banquillo en pasar a la historia de desventura; cuánto durará para su afición esa tradición que ha adquirido tintes de psicodrama ad náuseam, perder ante el honorable vecino. En todas estas preguntas subyacen las figuras de Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo, okupas de chaqueta y corbata responsables de depauperar la grandeza rojiblanca y de armar un conjuto bien cargado de medianías y en el culo de la clasificación.

Hasta la enésima expulsión de Sergio Ramos a Pellegrini le siguieron reportando frutos sus reajustes tácticos. El equipo se ha asentado con ese 4-4-2 con rombo, con Lass y Marcelo como interiores. Se busca que los laterales no sufran el escarnio que padecieron en el Sánchez Pizjuán; se busca dar más libertad de movimientos a uno de los grandes activos del club: Kaká; se busca que Xabi Alonso, que ante el Atlético exibió una gran templanza y colocación, tenga un hábitat más amplio para crear; se busca que Higuaín y Benzema anuden sus cordones futbolísticos para así cortocircuitar con su movilidad y pegada los entramados defensivos oponentes. Todas estas premisas se iban cumpliendo hasta la mencionada expulsión, otra, de Sergio Ramos. El marcador reflejaba un nada ambagioso 0-3. Incluso Kaká y Marcelo nos deleitaron con dos auténticos golazos.

Sin embargo, en los minutos finales no hubo forma sutil de dosificar el ritmo de la intriga. Pellegrini contribuyó ello, en parte, con la puesta en escena de un Raúl al que verle deambular produce pena. Bien Benzema o bien Higuaín, hubiese aguantado mejor el esférico en la soledad de la inferioridad numérica. Dicha inferioridad fue inmanente a una defensa de vodevil en la que a Marcelo, ya en el lateral, le ganaron la espalda en el primer gol. Tan sólo unos instantes después, Agüero ridiculizaba a Pepe en el segundo. Casillas tuvo que volver a erigirse en salvador.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Brotes verdes

Brotes verdes de recuperación florecieron en el juego del R. Madrid en su partido disputado en ese San Siro de pesadillas pasadas. En la primera media hora los de Pellegrini no estuvieron lejos de lo que quiere el chileno: permuta de posiciones, circulación rápida del esférico, continuo desmarque; un bloque con trabazón entre sus líneas que disparó al muñeco hasta que acabó por destrozarlo. Todo aderezado con una intensidad que llevada a cabo retrata al Milan como a un grupo de jugadores que son el fiel reflejo de una impotencia inconmensurable.

Si el equipo después de esos treinta minutos pudo perfectamente irse al descanso perdiendo, el penalti de Pepe fue de libro y el gol de Pato legal a todas luces, es porque desde épocas prístinas cada vez que italianos y españoles cruzan sus suertes los unos consiguen mucho con poco y los otros poco con mucho. Los de Leonardo se sintieron más cómodos según Kaká languidecía, la dupla Benzema-Higuaín quedaba aislada y Seedorf se sentía seguro. Lo cierto es que Marcelo y Raúl tuvieron en su pies la victoria en el tramo final del choque, pero este Madrid sigue teniendo una dificultad precipua en el juego por fuera y todo acaba en el embudo por el centro.

Porque, ¿qué mejor manera de haber ido a por el partido en la segunda mitad que haciendo continuos 2+1 a los desgastados Oddo y Zambrotta, con auténticos especialistas de la línea de cal? Una última cosa: ¿se seguirá con Pato la tradición histórica, no escrita, que estriba en alistar el talento ajeno que nos causa una avería continental (Cesc, verbigracia, es un eterno futurible desde aquella exibición en el Bernabéu de febrero de 2006)? Vaya por delante que Arbeloa se fajó bien ante la exigente prueba de frenar al joven brasileño, si bien enfrentado a tan descomunal talento lógico es sucumbir al artificio del ingenio. De tanto ingenio. Y acabo: 4 puntos ha engullido este Milan envejecido a la superproducción. Parecen demasiados.

sábado 31 de octubre de 2009

Míchel da aire a Pellegrini

La propaganda endulcorada, si no es merecida, me resulta especialmente onerosa. Escribo esto a cuento de Míchel, un pedazo de ex jugador que recibe unos excesos verbales ("Guardiola blanco") que le quedan holgados al tratarse de un técnico esencialmente menor. En su vuelta a casa podrá anotar nuevas máculas en su vademécum de despropósitos. Si difícil era descender con el mejor Castilla que se recuerda, no lo es menos armarle el contragolpe al contrario jugando en superioridad numérica. Todo un mérito. La mediocridad táctica de Míchel condenará a este Getafe al frío estepario de la zona baja de la tabla. No hay más tu tía.

Entretanto, Pellegrini coge aire, después de que el terremoto de Alcorcón hiciese zozobrar la cohesión 'intramuros'. No sólo Míchel vino en su rescate, sino también, quién lo iba a decir, un trencilla (Mateu Lahoz) capaz de metamorfosear en vehemencias las mancedumbres. Si no fuera porque la insostenible expulsión de Albiol obró el milagro de que el Madrid (súbitamente) escenificara por primera vez en esta temporada un guión creíble y juntara sus líneas, la actuación del colegiado sería merecedora de una retahíla de contumelias.

El afán protagonístico del árbitro fue un chispazo que iluminó la confusión imperante; la afición, al sentirse estafada, puso en marcha unos mecanismos de defensa que desembocaron en la ansiada comunión entre equipo y afición. Inane sería perderse en reclamaciones que, inexorablemente, irán a parar a terreno de lo baldío. Pero, como dice el amigo Ufo en el foro del post anterior, qué fácil resulta expulsar a un blanco en el Bernabéu. Pero, como dije antes, a partir de dicha expulsión el equipo mostró una buena cara, sobre todo en la segunda parte. Ramos se serenó; Pepe se agigantó; el despliegue de Lass merece un buen puñado de elogios.

Quien ganó el partido fue la verticalidad de Higuaín. El Pipa debe aparecer por sorpresa, no ser la referencia; él es un depredador con clase y pegada al que viene bien que no se le vea venir, ya que jugar como delantero referencial le identifica y le desarma. No nos referimos al oportunista de turno, de espacios reducidos, capaz de bailar en un ladrillo, Van Nistelrooy verbigracia. Su movilidad y aptitud para atacar los espacios libres destrozaron a Cata Díaz y a Mario. Un doblete goleador y reivindicativo para un gran jugador opacado por tanto fichaje rutilante.